viernes, 16 de noviembre de 2007

Intimidades

El otro día mientras me sentaba en la silla yóguica algo me remitió a mi pasado, el tema es que cuando en una clase uno se sienta en la silla yóguica es muy probable que viejas estén yogueando sillas, y cuantas más viejas más probabilidades de escuchar un pedo yóguico. No nos hagamos los pelotudos, pero tampoco viste... El pedo yóguico tiene que ser silencioso y sin olor, pero todos sabemos que nadie tiene el ano limpio. De todas maneras me fui por la ramas. Silla yóguica, escucho un pedo débil de vieja con un ano por el que pasaron más soretes de lo que uno se imagina. Me desconcentro, dejo de pensar en mi respiración y me remito a mi niñez. Me acuerdo de estar caminando por cierta lugar y de ver un linyera con los pantalones bajos parado en el cordón y cagando en la calle. O sea objetivamente y sin prejuicio lo que vi fue: una persona, un diario, un culo, un pedazo de caca. Todo en un contexto urbano. Pero subjetivamente lo que vi fue: un linyera todo mugriento sin zapatos garcando mal un sorete re feo, leyendo, o mirando mejor dicho, el diario (al revés) y ese ano musgoso con tierra, un asco. Salvaje.
El remitimiento terminó ahí con una carcajada de mi parte y un sonrojamiento pronunciado de la vieja pedorra, después me caí para atrás sin cambiar la posición de mis piernas y ... plop!

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