sábado, 10 de noviembre de 2007
Día
Vuelvo de laburar, terminé temprano, estoy contento, hace sol. Cruzo la calle por la senda, como siempre respetando el semáforo peatonal que me corresponde, tachero que viene en mi misma dirección pero sentido contrario dobla por la calle que cruzo. Frena, tengo el paso, espera, cruzo tranquilo, toca bocina, freno y lo miro, ademanes de impaciencia desde la cabina, me quedo parado, golpea el volante y toca bocina, sigo parado mirando hacia otro lado, avanza el taxi, hasta milimetros de mi cuerpo, no reacciono, el paragolpes toca mi ser humano, me siento sobre el capot, acelera y frena bruscamente, no caigo, me agarro del limpia parabrizas, se vuelve loco, abre la puerta a los gritos, yo sentado, ya con las piernas flexionadas, la totalidad de mi materia humana sobre el capot, lo miro, se baja con la traba para el volante, la levanta, amenaza, me impulso desde el limpia parabrizas, se sale, apoyé mis plantas del pie sobre el capot, estoy de cuclillas, tachero se acerca, salto y me rodilla impacta en su cara, da dos o tres pasos para atrás, caí bien parado, ya estoy sobre el asfalto, tachero se recompone y se afirma, amaga nuevamente con el arma, letal, levanto mi rodilla derecha estiro mi pierna y la punta de mi zapato golpea su sien, cae contra el taxi, me acerco, le agarro la cabeza y la golpeo contra la acera reiteradas veces, los fluídos emanan, me paro, la zuela de mi zapato izquierdo está sobre su cabeza, ejerzo presión, levanto mi pie derecho, lo apoyo en la calle y emprendí mi marcha. Ya estaba a una cuadra y media, me saqué la remera, me sequé las manos, puerta, ascensor, puerta, me duché, fui a la cocina y puse la plancha de hierro en el fuego, en la heladera tenía un bife.
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